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Aurelio estaba jugando en su recámara. Su padre, un comerciante prominente, le había traído como regalo un caballito de madera. Él ya había dispuesto todos los juguetes sobre el piso de baldosas y el escenario estaba armado.
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Las puertas de la ciudad se habían abierto y los soldados tiraban del vagón que portaba la preciada carga. Toda persona en la ciudad estaba sorprendida por aquella estructura maravillosa y monumental, de madera y hierro. El clima era de un absoluto regocijo porque después de varios años, el sitio había concluido y los invasores se retiraron humillados y vencidos; reconocieron la victoria de sus enemigos, su tenacidad y obsequiaron el caballo magnífico como prueba de su derrota. Luego de una celebración larga y ajetreada, la ciudad dormía con sólo unos guardias custodiando su perímetro. Entonces, el caballo se abrió y de su interior emergió la fuerza invasora en muy pocos números pero suficientes como para tomar la ciudad por sorpresa. El suelo se estremeció.
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El caballo de Aurelio se tumbó, sus juguetes cayeron al piso. Salió corriendo de la recámara y buscó a su madre. En cuanto la vio se abalanzó sobre sus piernas y se sujetó a ellas con toda la fuerza del mundo. Su madre le acarició el cabello eternamente.
Ω
Guía— Como sabrán, la tragedia que ocurrió aquí fue completamente inesperada. Las personas desarrollaban sus actividades con total normalidad y no tuvieron indicios que los alertaran.
Turista— ¿Y qué es lo que pasó en esta casa?
Guía— Los expertos saben muy poco todavía. Se cree que era el domicilio de una de las familias más prominentes. Comerciantes, en una de las habitaciones se encontraron varios juguetes y entre ellos un caballito de madera. El juguete posiblemente haya sido traído de Grecia y está petrificado como su dueño y su madre que pueden ver aquí mismo. El volcán hizo erupción sin advertencia y muchos ciudadanos como ellos fueron fosilizados por las cenizas piroclásticas.
© Palfrei. Todos los derechos reservados. 2011-12-31.

